Durante la Asamblea General de la FEAF celebrada en Bilbao el pasado 18 de mayo, la secretaria general de la EFF, Ainhoa Ondarzabal, abordó los principales retos industriales y regulatorios que están configurando actualmente el futuro de la industria de la fundición en Europa. Desde la reforma del ETS y el CBAM hasta la política industrial, los costes energéticos y la autonomía estratégica, el debate se centró en los expedientes europeos que definirán la competitividad del sector y su trayectoria de descarbonización en los próximos años.
Puntos clave:
- El marco regulatorio que configurará la próxima década de la fundición europea se está negociando en estos momentos.
- La descarbonización y la competitividad industrial deben avanzar conjuntamente.
- La fundición europea debe ser reconocida como un sector electrointensivo estratégico en sí mismo.
- El ETS y el CBAM deben mantenerse alineados para evitar la fuga de carbono y la exposición acumulada.
- Las asociaciones nacionales desempeñan un papel decisivo en la configuración de la política industrial europea.
P1. Para quien no lo conozca bien, ¿qué es EFF y qué papel juega FEAF dentro?
Antes de nada, gracias por la invitación. Es un placer estar hoy aquí, en la asamblea de FEAF.
La federación se fundó en 1953, pero durante décadas ha estado ubicada y gestionada por la asociación nacional alemana, y tuvo un perfil más técnico que político. Hace un par de años, el board decidió cambiar eso: evolucionar la organización para que de verdad posicionara al sector ante las instituciones europeas. Esa decisión se materializa en abril de 2025, cuando se crea la secretaría general y yo me incorporo al proyecto.
Hoy EFF agrupa a veinte asociaciones nacionales de fundición de Europa. FEAF es una de ellas, y además una de las cinco con más peso en la mesa europea, junto con las asociaciones alemana, italiana, francesa y polaca. Es importante señalar que, cuando desde la federación construimos la posición europea del sector, la voz que llega desde España es una de las que más pesa en la mesa.
¿Y por qué existe EFF? Porque en Bruselas, ir solo no funciona. La Comisión, el Parlamento y el Consejo no negocian con empresas individuales, ni en general con asociaciones nacionales aisladas. Necesitan interlocutores europeos que aporten datos del conjunto del sector y muevan posiciones coordinadas. Eso es lo que hacemos.
Y conviene decir algo importante sobre cómo funcionamos: las posiciones europeas se construyen desde la participación activa de las asociaciones nacionales. Su implicación es imprescindible para construir una posición del sector consensuada que refleje las necesidades de cada país. Cuando las asociaciones nacionales participan y aportan, es cuando EFF llega más lejos. Cuando una asociación nacional se desconecta, perdemos peso colectivo.
P2.¿Qué momento vive la fundición europea ahora mismo?
Me he encontrado un sector que lo está pasando mal. Años duros, de verdad.
Y quiero explicar qué tipo de dificultad es, porque importa. La fundición ha vivido malas épocas antes — es una industria acostumbrada a los altibajos. Pero esto de ahora no es un bache más. Es distinto. Es de fondo.
¿Por qué? Porque hay diversos problemas cayendo sobre la fundición a la vez. Cualquiera de ellos, por separado, el sector lo sabría llevar. El problema es que están llegando todos juntos. Y juntos, para muchas empresas, se han vuelto una cuestión de supervivencia. Es lo que llamamos la tormenta perfecta.
¿Cuáles son? La energía, mucho más cara en Europa que en los países con los que competimos. Las importaciones asiáticas, que entran en condiciones que no son justas. El peso de toda la regulación junta. Una transición verde que va más deprisa de lo que la realidad permite. Y una demanda floja, con las inversiones paradas.
Ahora bien, sobre ese punto de la regulación quiero hacer un matiz importante, porque es la clave del momento. Es verdad que la regulación acumulada pesa. Pero no toda la regulación que está sobre la mesa es una carga. Algunas de las que se están negociando ahora vienen, justamente, a resolver. El nuevo régimen frente a las sobrecapacidades del acero ataca la competencia desleal. Y el Industrial Accelerator Act es la apuesta de Europa por reindustrializarse, por recuperar competitividad y autonomía estratégica. Por eso este momento es decisivo. Todas estas regulaciones se están negociando ahora. Los textos todavía se pueden cambiar. Cuando una regulación europea entra en vigor, ya no hay vuelta atrás — pero ahora mismo sí se puede influir. Por eso digo que en estos meses se está escribiendo la próxima década del sector. El momento es este. No dentro de dos años. Ahora.
P3. Hablas de posicionar al sector. Si tuvieras que resumir en una frase el mensaje que EFF está llevando a Bruselas, ¿cuál sería?
La fundición es un sector estratégico electro-intensivo por derecho propio. No es un mero proveedor. Es un sector industrial con identidad técnica, económica y ambiental propia.
Cuando la Comisión diseña política industrial, identifica sectores estratégicos y les asigna instrumentos: zonas de aceleración, financiación, criterios preferenciales en compras públicas. Si la fundición aparece en esa lista, accede a esos instrumentos. Si la diluyen como anexo de otra cadena de valor —del acero, del automóvil—, perdemos el acceso a las herramientas que la propia regulación crea.
Así que, expediente tras expediente, nuestra petición de fondo es la misma: reconocimiento sectorial, identidad propia, inclusión explícita. No pedimos un trato especial. Pedimos que se reconozca lo que la fundición ya es.
P4. ¿Qué se está jugando ahora mismo en términos de costes?
Hablemos claro: hoy la fundición europea juega contra el reloj y bajo reglas que no son del todo justas. Si hablamos de costes tenemos que hablar del precio del carbono. El precio del carbono se articula en dos mecanismos, y los explico por separado: el ETS y el CBAM.
ETS
Del ETS ya conocéis lo esencial: Europa pone precio al carbono, y la fundición lleva pagándolo desde 2005. Cada año las empresas recibís unos derechos de emisión gratuitos, y cuántos recibís se calcula con unos valores de referencia —los benchmarks—, que se fijan mirando a las instalaciones más eficientes del sector.
Y sobre ese sistema hay tres cosas en juego ahora mismo.
- Los benchmarks. El problema es que un único valor de referencia, sacado de las instalaciones más eficientes, penaliza a subsectores enteros: la fundición es muy heterogénea —metales, procesos, tamaños distintos— y su realidad técnica no encaja con un solo número. Y el calendario aprieta: los nuevos benchmarks se están fijando justo en estas semanas y se adoptan a finales de junio. Lo que pedimos es que reconozcan esa especificidad. La buena noticia es que en julio llega una reforma más amplia del ETS, y ahí debería abrirse la puerta a valores de referencia sectoriales, más ajustados a la fundición. Esa es nuestra oportunidad de fondo.
- Las barreras físicas de la descarbonización. Reducir emisiones pasa por sustituir el cubilote por inducción eléctrica, y eso choca con límites reales: los hornos de inducción necesitan mucha potencia eléctrica que la red local a veces no da, y muchas fundiciones están en cascos urbanos sin espacio. No nos resistimos a descarbonizar: pedimos que el calendario no fije plazos físicamente imposibles, porque forzarlos solo lleva al cierre.
- La asimetría con el CBAM. Los derechos gratuitos se están retirando progresivamente hasta desaparecer en 2034, con la lógica de que el CBAM protegerá en frontera. Pero el CBAM todavía no cubre las piezas terminadas. Así que durante varios años el sector pierde la protección interna antes de tener la externa — y para un sector electro-intensivo expuesto al comercio internacional, eso es una receta para la deslocalización. La posición de EFF la formulamos así: secuenciación, no oposición. No cuestionamos los objetivos climáticos ni pedimos ralentizar la descarbonización. Pedimos que la retirada de los derechos gratuitos siga el ritmo real del despliegue del CBAM. Es coherencia regulatoria, no menor ambición climática.
CBAM
Para que el ETS no se vuelva un boomerang —que la producción se vaya fuera y acabemos comprando el mismo producto a quien no paga el carbono—, Europa creó el CBAM: si una empresa europea paga por sus emisiones, una empresa extranjera que exporta a Europa debe pagar un coste equivalente en la frontera. Sin eso, Europa solo habría exportado sus emisiones.
El problema es que el CBAM se aplica de forma asimétrica. Grava las materias primas ferrosas que la fundición importa y no puede sustituir —empezando por el arrabio—, y también el aluminio en bruto. Pero todavía no grava las piezas terminadas que llegan desde India, Turquía, China o Asia. Resultado: la fundición europea paga el carbono dos veces —aquí, y en las materias primas que importa—, mientras la pieza terminada que entra de fuera no paga nada. A esto lo llamamos exposición acumulativa.
Nuestra acción desde EFF son tres líneas simultáneas: llevar a Bruselas los datos que demuestran que esas materias primas no tienen alternativa europea, para pedir su exclusión o un mecanismo transitorio; conseguir una inclusión amplia de los productos de fundición cuando el CBAM se extienda a las piezas terminadas; y defender que ETS y CBAM vayan alineados.
P5. Hablemos de competencia internacional. Hay una regulación específica sobre las sobrecapacidades del acero. ¿Cómo afecta al sector?
Este es probablemente el expediente menos conocido fuera del sector, pero uno de los más importantes en competencia comercial: el régimen frente a las sobrecapacidades del acero. Europa lleva años protegiéndose con una salvaguarda de las sobrecapacidades estructurales del mercado mundial —sobre todo de China, India y otros países asiáticos, que producen muy por encima de su demanda interna y vuelcan el excedente sobre los mercados europeos.
La salvaguarda actual expira, y la Comisión ha presentado el régimen que la sustituye: cuotas reducidas, aranceles más altos, y la regla del melt and pour, que obliga a demostrar dónde se fundió y se coló el material, no solo dónde se transformó por última vez. Para la siderurgia, el diseño va en la dirección correcta.
El problema para la fundición es que la regulación cubre el acero y las formas básicas —chapas, bobinas, perfiles, tubos—, pero no las piezas terminadas. las sobrecapacidades asiáticas siguen entrando en Europa, solo que transformadas en componentes y producto acabado. Justo lo que produce una fundición.
La buena noticia es que la regulación abre tres vías para revisar su alcance, y las piezas de fundición pueden encajar en la vía media. Pero la ventana para construir el caso es corta: se cierra en otoño de este año. Y no estamos solos — decenas de sectores ya han manifestado su interés, así que hay que presentar un caso sólido y creíble.
Ese caso tiene dos partes: un expediente probatorio, el caso económico que demuestra con datos el daño que las importaciones causan a la fundición europea; y un trabajo de posicionamiento político ante la Comisión, el Parlamento y el Consejo. Es un expediente exigente —técnicamente complejo y costoso— y estamos analizando con los miembros su viabilidad.
P6. Has hablado de costes y de competencia. Pero hay otra cara: la del día a día. ¿Qué pasa con las condiciones bajo las que opera una fundición — emisiones, vertidos, ruido, energía?
Sí, es el más técnico, pero también el que más toca el día a día de una fábrica. Lo explico sencillo.
Cuando una fundición opera en Europa tiene un permiso ambiental que fija qué puede emitir, qué puede verter y cómo gestiona residuos y energía. Esas condiciones las marca Europa con una directiva, que cada país convierte en su ley nacional. Y como cada sector es distinto, Europa publica además unas fichas técnicas sectoriales —una de ellas, la de fundición— que concretan qué valores y técnicas son aceptables.
Ahora mismo hay tres cosas moviéndose a la vez:
- La directiva general (IED) — revisada en 2024
- La ficha técnica de fundición (BREF) — conclusiones publicadas en diciembre de 2024
- Y el Environmental Omnibus, un paquete de dic del 2025 de la Comisión que flexibiliza elementos de la directiva demasiado rígidos y que se está negociando ahora en el Parlamento.
Aquí se decide cuánto costará operar una fundición en Europa los próximos quince años. Y está a la vuelta de la esquina: las fundiciones existentes tendrán que revisar sus permisos antes de finales de 2028.
Lo que estamos trabajando aquí es: las enmiendas al Environmental Omnibus. La flexibilización va en la buena dirección, pero todavía tiene que pasar por el Parlamento y el Consejo, y en ese camino se puede diluir. Nuestro trabajo es que llegue al final en la mejor forma posible — y para que nuestras enmiendas tengan peso europeo, vamos a recoger aportaciones de nuestros miembros sobre qué exenciones y ajustes son realistas en cada país.
La transposición de la directiva a ley nacional está en manos de las asociaciones nacionales.
P7. Hemos hablado de costes, de competencia y de operación. Pero supongo que no todo son malas noticias. ¿Hay algo en positivo?
Europa ha decidido —por primera vez en una década— hacer política industrial seria: poner dinero público para producir aquí en lugar de importarlo. Esa decisión tiene un nombre, el Industrial Accelerator Act, presentado en marzo de este año. Quien lo presentó, el vicepresidente ejecutivo Séjourné, lo resumió con una idea que conviene retener: supone un verdadero cambio en la doctrina económica europea.
Por primera vez Europa fija un objetivo cuantificado: llevar el peso de la industria manufacturera del 14% actual del PIB al 20% en 2035. Y se traduce en dinero real, a través de tres líneas:
- compras públicas con preferencia europea y bajo en carbono
- control reforzado de inversiones extranjeras en sectores estratégicos;
- y ayudas a la descarbonización mediante zonas industriales aceleradas.
¿Cómo afecta a la fundición y qué estamos haciendo? Cuatro cosas, todas negociándose ahora:
- La lista de sectores estratégicos del Anexo 2. Aparecen el acero, el aluminio, la automoción, las tecnologías net zero. La fundición, por su nombre, no. Y en una regulación que va a movilizar miles de millones, quedarse fuera de esa lista es quedarse sin acceso a los instrumentos que ella misma crea. Trabajamos para conseguir su inclusión explícita como sector estratégico electro-intensivo.
- Cómo se define «europeo». Hay que fijar un porcentaje mínimo de contenido producido aquí lo bastante alto como para que una pieza solo ensamblada en Europa, pero fabricada fuera, no pueda llamarse europea. Es una red de seguridad para el contenido europeo que nuestras piezas ya tienen. Trabajamos para que ese umbral proteja de verdad, no a un nivel simbólico.
- Cómo se calcula la huella de carbono para definir «bajo en carbono». Si la metodología es demasiado estricta, fundiciones que están invirtiendo en descarbonizarse quedarían fuera de las ayudas pensadas precisamente para esa transición. Sería una contradicción. Pedimos que la metodología reconozca la trayectoria en curso, no solo el punto de llegada.
- Las zonas de aceleración industrial. Cada país designará al menos una, con permisos rápidos y acceso prioritario a energía y financiación.
Para nosotros es una oportunidad enorme, porque la inducción eléctrica necesita mucha capacidad de red. Y esto no se decide en Bruselas, se decide en Madrid: el trabajo lo hacemos con las asociaciones nacionales —FEAF entre ellas— para que los clusters de fundición sean candidatos prioritarios.
P8. Has descrito cinco frentes muy distintos. ¿Cómo se organiza EFF para llevar todo esto en paralelo?
- En EFF organizamos el trabajo en grupos de trabajo temáticos, uno por cada expediente. No son foros de debate genérico: son los espacios donde se construyen las posiciones técnicas que después llevamos a las instituciones europeas.
- Cada grupo se nutre de la experiencia industrial y de los datos que aportan las asociaciones miembros. La calidad de lo que sale de Bruselas depende directamente de la calidad de lo que entra por estos grupos.
- Mantenemos también dos secciones sectoriales por cadena de valor: la de automoción, especialmente relevante por la magnitud de la transformación que vive el sector del automóvil, y la de rolls, que tiene su propia dinámica y sus propios retos.
- Y luego está la gobernanza interna que se estructura con el council, que se reúne una vez al año al menos, el board y el MD comittee con reuniones trimestrales y el sherpa siempre que la operativa lo requiera.
P9. Pintas un panorama exigente. ¿Qué necesitas de la sala? ¿Qué necesita EFF de las asociaciones nacionales como FEAF?
Tres cosas, y voy a ser muy concreta.
- La primera, información y datos. Cuando un grupo de trabajo de EFF lanza una petición de información al sector —datos de importaciones, datos de costes, datos del impacto de una regulación—, los plazos son cortos y la calidad importa. Cada vez que faltan datos españoles, el caso europeo se debilita. Cuando llegan a tiempo y bien construidos, ganamos peso. Es la aportación más concreta que esta sala puede hacer mañana mismo.
- La segunda, presencia política en Madrid. Bruselas no es un planeta aparte. Lo que se decide en cada expediente depende también de lo que cada Estado miembro defiende en el Consejo. Y eso se construye en cada capital. Es importante tener contactos con Industria, con Medio Ambiente, con Comercio. La acción coordinada entre lo que EFF defiende en Bruselas y lo que FEAF defiende en Madrid multiplica la fuerza de las dos.
- La tercera, eurodiputados españoles. En el Parlamento Europeo hay eurodiputados españoles que pueden tener un papel decisivo si los conocemos y los informamos a tiempo. Identificarlos, presentarles el sector, mantener un canal abierto. Eso no es trabajo de la federación europea: es trabajo de la asociación nacional. Y rinde frutos rápido.
P10. Para cerrar: si tuvieras que dejarle a esta sala una sola idea, ¿cuál sería?
La idea con la que me gustaría cerrar es muy sencilla.
Durante décadas, la fundición europea no ha tenido entidad e identidad propia en Bruselas. Era un sector visto como anexo: anexo del acero, anexo del automóvil, anexo de otros. Eso está cambiando.
Por primera vez en mucho tiempo, las instituciones europeas están empezando a mirar a la fundición como lo que es:
un sector estratégico,
electro-intensivo,
integrado en cadenas de valor críticas,
capaz de descarbonizarse si las condiciones lo permiten, y
absolutamente irremplazable para la autonomía industrial de Europa.
Pero esa mirada no se construye sola. Se construye conjuntamente con las asociaciones nacionales, contribuyendo con datos y conocimiento industrial, y llevando nuestras posiciones a Bruselas desde EFF y a los ministerios nacionales desde las asociaciones nacionales. Es decir: se construye con vosotros.
Lo que se decida en los próximos meses va a marcar las condiciones del sector durante la próxima década. Y vosotros estáis en el centro de ese trabajo.




